Calle Ayala 85, 3A, 28006 Madrid, ES
10-15h y 16-21 de L-V

ANA MARÍA RUIZ MOLINER

Como principiante en el mundo de la psicopatología, este curso ha sido un regalo. Me ha dado la oportunidad de introducirme en los distintos trastornos de la personalidad de una manera muy gráfica y representativa a través del cine. Este hecho ha sido sin duda de gran ayuda para meterme en la piel y el raciocinio de las personas que padecen estas patologías.

En primer lugar, he aprendido que este tipo de trastornos son más comunes de lo que en un primer momento pensaba. No han sido pocas las veces en las que lo que iba estudiando me hacía pensar en un conocido. Este hecho me ha llevado a pensar que la conciencia de enfermedad no sólo está ausente en los propios pacientes sino también en el entorno. Como médico, esta realidad me hace ser aún más consciente de la enorme carga de la palabra “enfermedad” o bien “patología” en los cuadros mentales frente a la misma en cualquier otro contexto. La persona diabética no duda en pedir ayuda al doctor para convivir mejor con su enfermedad, mientras que la persona con un trastorno de la personalidad tarda mucho en pedir ayuda, por el mero hecho de que para pedirla tiene que haber aceptado que quizás le ocurra algo. Una vez más se puede ver con claridad uno de los miedos universales de las personas: ¿estoy loco?.

También reflexionaba sobre la posibilidad de modular las conductas desadaptativas en estos patrones a través de la terapia. Hace unos meses al tomar la decisión de especializarme en psiquiatría, muchas personas me preguntaban si no me frustraría no poder “curar”. Curar, un concepto quizás sobrevalorado por la necesidad de sentirnos útiles en nuestra profesión sanitaria. ¿Acaso no es incluso más satisfactorio ver a alguien empoderarse y saber reconducir y convivir con las dificultades?, aquí sí el paciente es el protagonista y acompañar este proceso de crecimiento personal es un privilegio.

ANA MARÍA RUIZ MOLINER. Graduada en Medicina.